Aún ardes en el lado izquierdo de mi alma, en las alcobas desiertas por el espectáculo de nuestro sexo, en los ceniceros llenos y los ojos vacíos de calvario. Aún Nina Simone teje el cielo de nuestra tierra y se estremecen las pieles de la poesía entre tu frío suspiro y mi cálido abrazo. Sigue sonando Frank Sinatra de despertador, pero lo único que despierta son los otoños desterrados de tu pelo sobre mi hombro y entonces lloro, porque siento que solo nadando en mi misma podré huir de nuestro naufragio. Ya no queda ceniza en el resquicio de la ventana de nuestro paraíso, nuestro amor por ser indómitos, nuestra tortura por ser demasiado humanos. No tengo más cartas que jugar, solo dolor, Un dolor que es la esotérica letanía de volver a verte.
Busco algo propio en la incoherencia que fue tenerte sin tenerme a mí misma, riéndome ahora de ser tan individualista porque hasta esa etiqueta era tuya. Indagando en el rastro de lo propio de mi mente compro, con el humo prohibido del jardín seco que me dejaste, el apetito de mi gozo para sentir que no solo gobierna la ausencia en el universo de mis pálidas curvas, de lunares arbitrarios y suavidades aéreas. Mi hallazgo me desnuda y siento el aire que escribe su epitafio en los escalofríos de mi piel, consciente de que ya no están tus manos para desflorarme, de que sabe a extrañeza mi tacto, la soledad y el deseo de mi . Cuando siento que a mi universo le faltan las lunas de tu espalda me miento a mi misma y finjo que es tuyo el sudor que empapa mis sábanas.
Sabe amargo el orgasmo, sabe a propio el olvido.
¿Quien me iba a decir cuando era la dama de las voces rotas que la masturbación iba a ser lo único que me quedaría cuando la soledad abriera mis piernas?
El precipicio de los puntos finales
sábado, 2 de mayo de 2015
lunes, 6 de abril de 2015
Brizna de existencia; Mi metamorfosis a átomo.
Aquí estoy atrapada de nuevo.
Entre la blanca nada y el silencio púrpura de mis tacones sobre el aire.
Aquí estoy sintiendo la epifanía anarquista de los cataclismos sonámbulos de la imaginación.
Pero aunque esté lánguida y transparente en mi presente y en cada una de sus variantes enloquecidas, no estoy.
No estoy más que en los resquicio diminutos del no ser y el ser desbocado de los enseres nimios que no responden.
Quiero ser la perpetua noche bordada en el páramo de tu cintura.
Pero no soy.
Quiero existir como arrebol en las acuarelas de tus ojos.
Pero de color frenesí corpúsculo me extingo.
Aquí me encuentro.
En los finales
En los precipicios
En la incandescente vida
En los peldaños que
me salvan del Silencio, que es
nada.
domingo, 15 de marzo de 2015
Mi yo sin mí conmigo hasta la muerte.
Lo que siento es vértigo a los puntos muertos, las caricias del aire que levantan las mariposas dormidas en las entrañas de la tierra que en mi interior cultivo. A medida que caigo emana el verbo en eufonía con el baile de sombras que interpretan mis manos sobre sábanas de hiel. Cantan una sinfonía mis miedos y me declaro muerta, muerta en la gracia de la poesía y lejos de su manto oscuro en días que la objetividad te ciega. No soy más que el arte purulento del polvo que es nada, la mortífera gentileza del declive áureo del águila. Soy la nota disonante de la sinestesia del universo, la grieta en la escultura de Pigmalion. Soy lo que tú nunca esperas pero yo, aburrida de mi, siempre encuentro.
jueves, 1 de enero de 2015
El Kandinsky de tu sexo.
Y dibujé un universo sutil en tu espalda con constelaciones que parecían lunares, con albores que cegaban los ojos de la creación. Hice de tu boca un edén tintado con el rojo incandescente de la rea manzana y me columpié entre tu piel y mi ósculo para besar el calor que emanaba tu existencia. Suavemente deslizaste tu mano por La Pampa de mi espalda, aterrizando donde el placer izó su bandera. Los suspiros salían como las líneas discontinuas de la carretera, la voz entrecortada por la poesía que no conseguía escaparse de entre la carne y el deleite. Tu lengua exhibía una elocuencia superior a cualquier manifestación gongorina cuando me lamía. Todo tú era puente de lo concupiscible con lo intangible de mi alma. Mientras yo, fraccionada a eternidades, solo fui pecadora originaria del Lucifer que esconde el tacto de tu caricia, culpable de no poder ser rubí de tus venas y vivir siempre dentro de tu esencia. Desatabas las tormentas que amparan mis piernas, y seguías la vía láctea que me cubre hasta llegar al agujero negro de mi ombligo. Mientras tanto me dejaba atrapar por tu lascivia, y mis pensamientos dejaban de ser pensamientos para ser sensación de ti...
Era la oscuridad desierto, tu tacto vesania y vendavales nuestros gemidos. Arte nuestra inminente extinción de anhelos húmedos, de figuras excelsas, de trazos indómitos que retrataban nuestros cuerpos.
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