sábado, 2 de mayo de 2015

Nowhere to go but everywhere

   Aún ardes en el lado izquierdo de mi alma, en las alcobas desiertas por el espectáculo de nuestro sexo, en los ceniceros llenos y los ojos vacíos de calvario. Aún Nina Simone teje el cielo de nuestra tierra y se estremecen las pieles de la poesía entre tu frío suspiro y mi cálido abrazo. Sigue sonando Frank Sinatra de despertador, pero lo único que despierta son los otoños desterrados de tu pelo sobre mi hombro y entonces lloro, porque siento que solo nadando en mi misma podré huir de nuestro naufragio. Ya no queda ceniza en el resquicio de la ventana de nuestro paraíso, nuestro amor por ser indómitos, nuestra tortura por ser demasiado humanos. No tengo más cartas que jugar, solo dolor, Un dolor que es la esotérica letanía de volver a verte.
   Busco algo propio en la incoherencia que fue tenerte sin tenerme a mí misma, riéndome ahora de ser tan individualista porque hasta esa etiqueta era tuya. Indagando en el rastro de lo propio de mi mente compro, con el humo prohibido del jardín seco que me dejaste, el apetito de mi gozo para sentir que no solo gobierna la ausencia en el universo de mis pálidas curvas, de lunares arbitrarios y suavidades aéreas. Mi hallazgo me desnuda y siento el aire que escribe su epitafio en los escalofríos de mi piel, consciente de que ya no están tus manos para desflorarme, de que sabe a extrañeza mi tacto, la soledad y el deseo de mi . Cuando siento que a mi universo le faltan las lunas de tu espalda me miento a mi misma y finjo que es tuyo el sudor que empapa mis sábanas.
                                     Sabe amargo el orgasmo, sabe a propio el olvido.
 ¿Quien me iba a decir cuando era la dama de las voces rotas que la masturbación iba a ser lo único que me quedaría cuando la soledad abriera mis piernas?