Lo que siento es vértigo a los puntos muertos, las caricias del aire que levantan las mariposas dormidas en las entrañas de la tierra que en mi interior cultivo. A medida que caigo emana el verbo en eufonía con el baile de sombras que interpretan mis manos sobre sábanas de hiel. Cantan una sinfonía mis miedos y me declaro muerta, muerta en la gracia de la poesía y lejos de su manto oscuro en días que la objetividad te ciega. No soy más que el arte purulento del polvo que es nada, la mortífera gentileza del declive áureo del águila. Soy la nota disonante de la sinestesia del universo, la grieta en la escultura de Pigmalion. Soy lo que tú nunca esperas pero yo, aburrida de mi, siempre encuentro.
